• Angelina' Blog

La voz invisible.

Unas tardes con el Sr.Kaplan. Narrativa del paciente. Percepción.Proyección. Sentido. Sensibilidades.



Durante años, esta, y otras historias, han permanecido ocultas, compartidas con algunas personas, en grupos de estudio, o en algún bloc de cuyo nombre no quiero acordarme.


Todas ellas tienen el permiso de difusión por parte de las personas que aparecen en ellas, todos los nombres son ficticios, solo los que aparecen en ellas saben quien son, y de buena gana accedieron, pues les gustó tener voz más allá de los registros clínicos, datos que a veces nos alejan de sus verdaderas experiencias o como llevan el día a día.

" Parece que seamos invisibles" Nos dijo una señora una vez harta de esperar en una sala de espera.


Estas últimas semanas hemos visto tantas y tantas cifras en los noticiarios...En uno de ellos vi la imagen de dos personas dándose la mano en un decisivo momento, me pareció experimentar el tacto, el olor de las sábanas del hospital...Eran recuerdos.


Ninguna vida es en vano, o eso me gusta pensar, por eso hoy decido traer a este espacio una vieja historia.


Han pasado más de 10 años desde que la escribí, muchas de aquellas heridas ya han sanado, y afortunadamente, aún me queda mucho para aprender; ruego disculpes, lector, los errores que cometí entonces, no hay ni soluciones inmediatas ni adornos superfluos, lo que tal vez te aventures a leer es lo que viene ocurriendo desde que vivimos exiliados de nosotros mismos, desde que todas las técnicas escapistas que hemos ido depurando con los siglos, han ido dejando de funcionar una tras otra.


Al observarme desde la distancia y el tiempo, me he sentido reconfortada, ahora hay paz donde antes había conflicto, dulzura donde antes había miedo y tal vez un poquito menos de ignorancia. O eso espero, ya se verá con los años.


Doy gracias a los protagonistas de las historias, ellos son los verdaderos motivos por los cuales sigo haciéndome preguntas.


Sin más te presento al Sr. Kaplan, y a todo lo demás, lo de aquel entonces.

Y si, Sancho, son gigantes.


Narrativa clinica: Unas tardes con el Sr. Kaplan. Fundación Index. Archivos de la memoria, nº de la revista FAsc 6.2

Autores: Angelina Zurita.

Abstract (A few afternoons with Mr. Kaplan)

Through writing her own feelings and her observations about the patient and the patient's daughter, this nurse comes to a better understanding of her own limitations and discomfort in her work. As the story unfolds, the nurse sees clearly that this situation reminds her of her own family dynamics, and such an insight helps her to sort out and diminish her own feelings of guilt and Increase her therapeutic skills. This is an excellent example of Narrative Based Nursing.


UNAS TARDES CON EL SEÑOR KAPLAN

1. A CIEGAS Y CON PRISA.

El Señor Kaplan parecía tranquilo, apenas miraba a su alrededor, su cara, llena de vejez y recuerdos, reposaba a un lado, como si quisiera que el mundo pasara apenas sin rozarlo, igual que un leve soplo de viento o un vacío en la memoria.

Cuando le vi por primera vez sonreía, daba los buenos días, los adioses y las gracias.

- Buenos días señorita, ¿Como está usted? – Me preguntó aquella primera tarde.

- Bien, gracias por preguntar.

- Pues aquí estamos, ¡Ya ve usted!

- ¿Cómo se encuentra?

- Estoy bien.

- Me ha dicho su hija que algo le molesta en el pie.-Estaba sentado en su silla de ruedas, en el pie derecho una zapatilla de cuadros escondía un misterio.

- Mi pie.

Ya sabía algunas cosas de este paciente, pues su hija, había pasado antes por la consulta.

Me había contado que a su padre, que había llegado del pueblo para vivir en su casa, le molestaba el talón, lo tenía rojo y le dolía al ponerse los zapatos, le traería luego, cuando su marido volviera a casa y la ayudase con la silla de ruedas, a su padre le costaba mucho andar. Perdía el equilibrio y no tenía fuerza en las piernas.

Ella estaba muy preocupada: Le había dicho una vecina que por menos se podía perder un pie, que al cuñado de una amiga de su prima le cortaron un dedo por una herida pequeña: Miedo le daba solo pensarlo que una cosa así le pasara a su padre.

Me explicó apresuradamente la historia que traía consigo: Su padre ya llevaba casi tres años en casa y le estaba cuidando muy bien. Su madre, la pobre, murió de un cáncer de ahí abajo en solo tres meses, no salió del pueblo, tampoco dio mucho trabajo. Pero ahora, con el marido que no paraba de beber y emborracharse, el hijo, que no sabía hacer nada solo, y la hija, que buen trabajo le daba también…Ahora estaba harta, todos dependían de ella para todo. Y ahora tener que venir cada día por lo de padre…

Si ella faltara la casa se hundiría. ¿Qué podía hacer?

- Puedo ir a su casa a curarle el pie a su padre. – Le dije con el deseo de tranquilizarla, parecía muy apurada con la situación.

- Prefiero venir aquí. Una cosa quería yo preguntarte. ¿No podías darle a mi marido esas pastillas que dicen que te quitan del beber?

Creí no haber entendido bien:

- ¿Qué?

- Que si puedes decirle a la doctora que te haga las recetas de esas pastillas que dicen que quitan del beber para mi marido. Díselo tú que a mí no me las quiere dar.

- Puede decirle a su marido que si quiere puede venir a la consulta y hablamos.

- Ni caso te hará, ¡Fíjate que le han quitado el carnet de conducir por ir bebido y ahora no podemos ni ir al huerto los fines de semana!!!

- La medicación que usted me pide ha de querer tomarla su marido.

- Es igual. Tú me la das a mí y yo se la doy a él. Habla con la doctora, ya me conoce, dile que la cosa esta mala.

- No puede ser así como dice usted. Lo siento.

- Ya. El principal problema es él no lo reconoce. Además, tiene azúcar. Todo el día nos estamos peleando.

- ¿Quiere sentarse y hablamos?

- No hace falta, puedo hablar así.


Se fue tan rápido como había llegado y cuando regresó con su padre siguió de pie. Durante todas las visitas en las que nos fuimos viendo cuando traía a su padre siempre tenía la sensación de no saber si acababa de llegar o estaba a punto de irse. Solía permanecer allí en pie, hablándome, frotándose las manos o meciéndose a un lado y otro de un modo apenas perceptible, solo se balanceaba cuando dejaba de hablar, tras aquellos delicados descansos volvía a frotarse las manos como si tuviera frío y seguía hablando.


Aquella primera tarde me pidió si podía volver todos los días a la misma hora, volvió a recordarme lo de las pastillas de su marido. Se despidieron y yo quedé confusa, sin saber qué hacer. Tomé unas notas en mi libreta…Mi memoria no era la de antes y el tiempo a veces se llevaba la pureza de algunos momentos.


2. A TRAVÉS DEL ESPEJO ( y dentro de la madriguera).

Aquel primer encuentro, tal como lo recuerdo, me llenó de inquietud, ella hablaba tan rápido que apenas podía entender todo lo que decía, me daba cuenta de su difícil situación, pero no sabía qué hacer, ni por dónde empezar a hacer lo que se suponía que tenía que hacer.


La demanda explícita era curar el pie de su padre, lo demás, el pan nuestro de cada día en las consultas de enfermería.

Noté como se tensaba mi cuerpo.


El impulso del momento me hacía sentir que tenía ante mis ojos una interesante historia, y algo mucho más arraigado en mí, algo parecido al instinto, me decía que esa historia era importante.


Lo intuitivo empezaba a ronronear…

Intenté ordenar en mis pensamientos aquella riada de información: La muerte de la madre, el padre, el marido, los hijos, la casa, la silla de ruedas, el coche, la compra de los sábados…era demasiado…aquella mujer le podría ganar una carrera al tiempo.

Las historias que me contaba eran bastante parecidas a tantas otras…sin embargo…Su vida se asemejaba a una montaña rusa, el carro frenaba de repente, y ella podía atender a su padre, cocinar o reñir con su marido. La imaginaba sentada en el flamante carrito, pensando en cómo solucionar aquella infinidad de asuntos, parecía que los rieles no tenían fin.

Me extrañé de la imagen…llamó mi atención aquella curiosa manera de verla, sin embargó la guardé en mi memoria, volví a abrir mi libreta… tal vez aquello significara alguna cosa que ahora no entendía.

¿Ella había puesto de manifiesto que yo podía ayudarla con todo aquello? ¿O tal vez solo quisiera contárselo a alguien?

…O… tal vez llegara tarde… como si fuera a la fiesta de la reina de corazones…Y tal vez yo fuera Alicia…persiguiendo al conejo blanco sin entender porque lo perseguía y sin mapas en aquel extraño país en el que me estaba perdiendo cada vez más.

De nuevo una imagen acudía a mi mente al escucharla…

Intenté volver a concentrarme, a pensar o dejarme sentir en cómo podía ayudarla.

Tarde meses en encontrar la respuesta.

3. EL SILENCIO SONORO.

Durante todo el tiempo que duró nuestra relación me hice la misma pregunta una y doscientas veces, y no parecían suficientes.

Mis sentimientos interferían constantemente: Me molestaba que me hubiese pedido las pastillas para el marido, me molestaba que me hubiera contado lo del coche y lo del huerto, me irritaba siempre que pedía mi opinión acerca de cualquier cuidado para su padre y luego terminara haciendo justo lo contrario. En todos aquellos momentos me hubiera gustado tanto no estar allí…Sabía que había algo en mi actitud que ella percibía, ese malestar mío estaba empezando a ser intenso y mi silencio al escucharla demasiado tenso.

Me sentía incómoda. Mal conmigo misma, y…peor se debía sentir ella ante esas huidizas miradas mías,suponia.

En aquellos momentos dudaba mucho de mi capacidad para solucionar todo lo que ella me estaba contando…Ahora que ha pasado más de un año creo entender que era lo que nos estaba ocurriendo, creo entender porque de repente se callaba, permanencia unos segundos en silencio, se mecía, me miraba intensamente y volvía a hablar en aquel tono agudo y chillón, bien podría haber sido en aquellos momentos la Sra Bennet, apremiando a todas sus hijas a encontrar un buen partido con el que casarse para poder ella así pasar en resto de sus días en un plácido descanso habiendo cumplido con las expectativas de todas sus bisabuelas.

Aquellos pequeños silencios me desconcertaban…Parecía como si en ese momento gritara su alma pidiendo ayuda, y era tan contundente la llamada que entonces yo solo podía preguntarle si podía hacer algo por ayudarla, entonces ella volvía a contarme una historia: A su vecina le daban más recetas que a su padre, ¿Por qué a su padre le daban tan pocas?

4. FRACASO.

Aún hoy, al pensar en ella, acude a mi memoria su voz interminable…culminada por un nuevo silencio. Sus ojos, interrogantes y tristes, sus manos llenas de aire… y de nuevo su voz…Y aún hoy, al escribir esto, busco en sus silencios y suspiros aquel interrogante del que parece esconderse en sus misteriosos países de prisas y palabras y palabras.


Intentaba no perder el hilo de las conversaciones, me esforzaba por hacer las dos cosas: Escucharla y curar el pie de su padre: Fracasaba en la mayoría de los intentos, tanta fuerza había en su voz, tanta dureza algunas veces, que apenas podía concentrarme en el pie del Sr Kaplan, ni en su dolor, ni en sus gestos.

Le curaba lo más rápido que sabía y le daba cita para el día siguiente.

Vivía todo aquello como un caos.

Mientras yo limpiaba el pie al Sr Kaplan ella seguía insistiendo en lo de las pastillas de su marido y en lo bien que le sentarían.

Y yo seguía a la defensiva.

A veces no decía nada, otras hacía como que no había oído, la mayoría de las veces la miraba y le decía que su marido podía venir a la consulta de enfermería. Y ella siempre me contestaba lo mismo para terminar con un “No nos entendemos”.


Tenía razón.

5. HUYENDO DE MÍ.

Mis compañeros la daban por imposible, le gustaba hablar con todo el mundo y todos la miraban con cara de bobalicones y la dejaban con la palabra en la boca. Le encantaba andar con su carrito de la compra por la sala de espera, saludando a otros pacientes o pidiéndonos lo que fuera. Sabíamos que había llegado incluso con las puertas cerradas. A veces me daban una palmadita en la espalda.

Una tarde intenté probar con lo que me decían que había que hacer:

-Tendrá que rellenar un test de “Sobrecarga en el rol del cuidador” y según los puntos que dé veré que puedo hacer para solucionar su problema ( No me lo creía ni yo).

- ¿De sobre qué?.

- De sobrecarga.

- ¿Y el pie de mi padre?.

- Lo seguiré curando.

- ¿Y nos darán dinero? ¿Nos enviaran a alguien para que me ayude?

- No lo sé.

- Entonces… ¿Para qué sirve?.

- Para dárselo a una compañera y darle cita con ella y entonces ella decidirá si puede darle alguna ayuda más.

- Vale, dámelo que luego te lo traigo.


No sirvió para nada, el Sr. Kaplan tenía una pensión asignada, se suponía que con ese dinero se podía pagar de sobras una persona que le atendiera, además ahora la familia había cobrado la jubilación anticipada de su yerno.


Llegó la tardé en que el pié del Sr. Kaplan estuvo curado, aunque eso estaba bien, yo no estaba tranquila.

- En fin…Este pie ya está curado.

- Muchas gracias.

- Gracias a usted también. Sr. Kaplan, iré a verle a casa el próximo mes.

- Bien, aquí estaremos, si Dios quiere.

Ella me miraba igual que siempre:

- Oye, que le diré a mi marido que venga, hará lo que le dé la gana, pero yo le diré que venga como si viniera a mirarse lo del azúcar y tú le hablas de lo de las pastillas.



6. AIRE.

¡QUE RESPIRO! La hija del Sr. Kaplan (También conocida para mis adentros como Sra. Bennet) no viene más.



7. LA VOZ DEL VIENTO.

Han pasado más de 10 meses y el Sr Kaplan parece tranquilo, apenas mira a su alrededor, su cara, llena de vejez y recuerdos, reposa a un lado, como si quisiera que el mundo pasara apenas sin rozarlo, igual que un leve soplo de viento o un vacío en la memoria.


Estoy en su casa.


Me ha llamado su hija por teléfono, han estado en el hospital y ha vuelto con llagas muy feas.

Dice que le han dicho que se moriría la semana pasada pero aún no se ha muerto.

- Hola Jorge, ¿Como esta? - De repente he recordado su nombre…Aunque no he olvidado su apellido.

- Hola Alicia, estoy bien.

- No me llamo Alicia.

- Bien gracias, a mi yegua, que también se llamaba Alicia, le curé el pie, y también le ponía las vendas y los remedios.

- ¿Y como lo hacía?.

- Pues mire, yo le cogía el pie, así, y le ponía el emplasto y luego muchos trapos buenos, que curaban muy bien, y Alicia se curó. ¿Va a hacer bueno hoy? ¿Qué ha dicho el hombre del tiempo? .

- Que hará frío.

- Malo pues.


El Sr Kaplan lleva unos pantalones de chándal rotos y muy viejos, está en la habitación oscura, la que comparte con la máquina de coser, los libros del colegio de los nietos y otra cama, dos mesas y el título oficial de modista de su hija.

En una mesa hay medicinas, recetas, inhaladores y un costurero.

Una lámpara que no funciona.

Alguien está cocinando sardinas en algún piso de la escalera. La ventana está abierta.

Él ha adelgazado mucho y parece cansado.

Ella está callada.

- ¿Cómo ha ido en el hospital?.

- Muy mal, no nos hacían caso y yo ya les decía que le miraran ese pie, a mi no me gusta y ahora ya no puedo verlo.

- Hoy le curaré, y mañana también, el fin de semana vendrán otras enfermeras, yo vendré de lunes a viernes a esta hora más o menos. ¿Le va bien esta hora?.

- ¿Todos los días hay que curarle?.

- Todos los días.

- Esto es peor ¿Verdad?.

- Aún no lo sé, he de verlo.

- ¿Le curarás? .

- Cuidaré de su pié y haré todo lo que pueda por ayudarles.

- Mis hijos no me ayudan, nadie me ayuda. He de hacerlo todo yo sola.

- Iremos paso a paso.

- ¿Me traerás recetas?

Si, le llevaría las recetas y le explicaría como hacer los cambios posturales, hablaríamos de la dieta y de lo que ella quisiera. Esta vez lo haría bien.

- Voy a destapar el pie.

- Me voy, avísame cuando acabes. No puedo verlo.



Siento ganas de llorar, ya me he acostumbrado a ciertos olores, pero esa tarde necesito una mascarilla, me estoy mareando. Sangre, pus y aquel peculiar líquido seroso por el que parece se le escapaba la vida. Y él dice que está bien, y me llama Alicia.

Me enfadé mucho, con el hospital y con las enfermeras del hospital. Venía con una gasa y un esparadrapo, el calcetín impregnado de sangre.

Un trozo de carne cae al retirar aquel trozo de tela que tengo que empapar con una buena dosis de suero, la caída es silenciosa, pero a mí me retumban los oídos…Poco a poco me estoy enfadando cada vez más, y la Sra. Kaplan me pregunta que ha pasado, y su marido me mira, y el Sr Kaplan hace que no pasa nada…Se dejaba curar como si supiera que tiene que pasar por todo aquello.

- ¿Le duele?.

- Oye Alicia, dile a mi hija que no quiero más sopa.


…Que manera tan extraña de hablarle a una yegua… ¿Quién es Alicia?...

He terminado la jornada por hoy…He subido a un taxi, estoy cansada…y estoy llorando…Me hubiese gustado tanto que este hombre permaneciera entero hasta el final…su dignidad y todo lo ha sido parece irse poco a poco en esa herida.

Llamo por teléfono: Un amigo me escucha , aunque sé que solo comprende hasta un punto fronterizo que nos separa…Hay algunas cosas que siempre permanecen en los bolsillos de mi bata de trabajo, en las páginas de mi libreta o en los parajes de mi alma…Me reconforta escuchar su voz al otro lado del teléfono diciendo cosas que no acabo de entender…Mañana será otro día.

8. ESPERANDO.

Voy cada tarde desde hace dos meses, le han ingresado en repetidas ocasiones, no respira bien y tiene fiebre.

La Sra. Kaplan me llama por teléfono, o viene a verme, me dice como va o como le cuidan, ahora le curan mejor, le curan cada día.

Le darán el alta mañana, ¿Cuándo iré a su casa?

- Mañana

- ¿A qué hora?

- A la de siempre

9. LA CULPA.

No han funcionado los cambios posturales y siempre le tienen en la misma habitación.

No han funcionado los cambios posturales: Creo que no ha servido para nada lo que les he explicado.

Ella me pide recetas y me sigue contando las mismas cosas…De las vecinas, las cuñadas y el marido. Viene casi cada tarde a la consulta.

Un día me pregunta esto y otro aquello: Hoy ha comido bien, hoy no ha querido comer, esta noche la hemos pasado mal, parece que va a mejor. ¿A mí que me parece? ¿Se morirá por culpa del pie?

Se me nota en la cara. Vuelvo a sentirme incómoda. Me da que pensar… ¿Qué le pasa a la Sra. Kaplan? ¿Qué le pasa de verdad?

10. ESCUCHAR.

Hoy le he dicho a la Sra. Kaplan que pase y se siente.

11. LA VOZ DEL PASADO.

Ahora me doy cuenta. Ella no quiere que muera su padre.

Yo tampoco quise que muriera el mío. Ni que sufriera tanto.

No somos tan diferentes ella y yo…en esto nos parecemos.

12. CONFIANZA.

Se ha sentado.

Le he preguntado de que tiene miedo y como puedo ayudarla.

Sigue sentada…Y ahora llora…Y me dice cuanto quiere a su padre y como le va a echar de menos.

No se entiende bien con su marido…No se puede hablar con él…Pero con su padre sí que se entiende, están muy unidos y él siempre ha cuidado de que a ella no le faltara de nada…Si su padre muere quedara sola.

13. TERNURA.

Sigue sentada, y yo la miro llorar.

Me he levantado y me he sentado a su lado.

Hemos estado así un rato. Parece que no pase nada...Solo lo parece…Ahora podemos escuchar nuestra respiración.




14. { ............. }

El pie del Sr. Kaplan ha mejorado, aunque sé que morirá con ese pie herido, con la muerte en los talones…Como aquella película en la que nadie sabía quién era en verdad hasta el final.

Ahora vuelve a estar en el hospital, a veces le cuesta mucho respirar y apenas tiene apetito.


Si Dios quiere, mañana hará buen tiempo para el Sr. Kaplan.