• Angelina' Blog

HUMAN TOUCH



“Decir que el significado es algo que debe hallarse equivale a decir que el significado es algo por descubrir, más que por inventar”.


Viktor E. Frankl, El hombre en busca del sentido último. EL análisis existencial y la conciencia espiritual del ser humano.


COVID 19. Colapso. Respiradores. Lista de contagiados. Lista de muertos. Lista de altas. Aplausos a las 20h. No hay mascarillas. Fernando Simón. Corresponsabilidad. ERTOS. Economía. Paseo. Deportistas. Niños en casa. Residencias. Contagio. Aislamiento. Fiebre. Dolor. Sufrimiento. Desconfinamiento. Rueda de prensa. Lávate las manos. Se acabó el papel higiénico.


Este virus viene para quedarse, dicen algunos expertos, a mi lo que se me quedan son las preguntas.


Afortunadamente, y no es casualidad, las estanterías rebosan de esas cosas llamadas libros, y como cada día al despertar, busco unas palabras que me inspiren en este ejercicio

de hacer consciente el respirar, y es que esto de hallar el significado tiene tela marinera…a ver… ¿Para qué me meto en estos berenjenales si se puede saber? Y es que ahora no se si hacer un digno Mutis por el foro, ponerme una de los Hermanos Marx, o seguir aquí. Estimados y estimadas …Si solo es para mí…Entonces me quedo un ratillo más, a ver que pasa.


La verdad, la de este momento, es que no me apetece mucho escribir, exponerme. Me siento confortable viendo las olas desgastar las rocas y a los paseantes en sus paseos en bucle. O mejor me voy a donde el olivo y hago un dibujo o veo un libro con fotografías, el Genesis de Salgado o el Pilgrimage de Leivovich.


Vanidad, todo es vanidad.


Cuando escribo siento como si desnudo un poco el alma (¿Qué es el alma?) Ello me acerca a tomar responsabilidad de mis palabras, me libero de capas de porquerías mentales, no tiene nada de romántico o glamouroso esto de sentarse a aporrear las teclas del ordenador.


Mejor … Me quedare divagando un rato…Releeré mis apuntes de esto…Partes de esta experiencia fragmentada que cree es la realidad que he construido, intento desvelar para que existo, veo que intento ocultar algo, guardar un secreto, miedos que pertenecen al ámbito de los dogmas que me he creído y que me aíslan del mundo.


Ahora, confinados, confitados, y ya casi rebozados, nos gestionamos las emociones, los pensamientos, y el campo cuántico, así, casi solitos, buscando el consuelo en los aplausos desde los balcones…Como queriendo rozar un poquito el contacto humano.

También salimos a pasear, hacemos chistes de alquiler de perros o le ponemos arneses a los gatos, la vecina que ayer me disgustaba ahora me sube la compra a casa, ahora también meditamos mucho (No sé si sabemos para que o que narices andamos buscando), hacemos pan y comemos más ensaladas, viva la sana costumbre de la siesta entre horas.

Y nos vamos a dormir arropados por ese susurro buscando la esperanza…ocultando ese miedecillo…ese que a mi no me pase, que no le pase a mi hermano, que trabaja en las trincheras y llega muy cansado.


Cuando empezó todo esto, lo del virus y sus universos paralelos, implosioné, he trabajado años haciendo enfermería, pero ya llevo más de un año sin ponerme la bata blanca, el cáncer no siempre se lleva esto de la vida corpórea, aunque si lleva su tiempo hasta que el cuerpo entiende que ahora todo es nuevo. Implosioné, quise ir corriendo a lucir mi bata, con mi nombre puesto en la tarjeta, mis tijeras, mis rotuladores, las vendas, los ungüentos…Todo eso que era. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo ayudar? ¿Cuándo volveré? Silencio.


Nunca me he considerado una heroína, mis compañeras tampoco. Llevamos años observando los milagros cotidianos de las personas que confían en nuestras manos, es que desde las manos hacemos esa cosa antigua del acompañar, el tocar: La herida, el llanto, la lagrima de alegría o de desgarro.


Traspasamos las barreras del látex y el vinilo y generamos ondas de comunicación, casi siempre se producen entre una palabra y otra, en ese silencio inexplicable.

Ahí, justo ahí, es donde todo ocurre, en ese silencio que unifica el sentido que cada cual sabe y comprende.

Ahí, en ese espacio íntimo, nos despojamos de lo transitorio, nos reconocemos como iguales y acontece ese dejar ir…esa quietud, esa aceptación total, en la que los cuerpos dolientes saben que el alma sabe. Esto es así, podemos llenarnos de conceptos y teorías del ser, podemos buscar y buscar sentidos y paradojas, teorías y conspiraciones, y al final, no sabremos hasta ese último respirar, que el alma sabe, y se sabe.


La existencia desnuda, dice Viktor Frankl en el relato de su experiencia en los campos de exterminio. Existencia desnuda que nos permite acercarnos a nuestras miserias para trascenderlas y rozar nuestras grandezas, no grandiosidades o disfraces, no falsas humildades, o identidades inventadas, no hipocresías o fanáticas creencias, solo nuestra capacidad y potencia para ser parte de la humanidad, viendo con otra mirada, aquello que antes nos daba miedo.


Si, ahora nos dejan salir a pasear, pero… ¿Nos hemos liberado del miedo? ¿Que nos ha enseñado esta experiencia? ¿Hemos salido de Egipto para volver a los tres días a la esclavitud de los hábitos de una sociedad enferma? ¿A quién le vamos a echar ahora la culpa?

Cada uno a su ritmo, nos iremos haciendo estas preguntas, comunes, cotidianas… ¿Quien, aunque solo sea por un momento, no se ha cuestionado sus conflictos internos en estos días de confinamiento? Ese miedo…al que hay que dejar también el espacio para existir, hay que reconocerlo, comprenderlo, escucharle, y por fin, darle su merecido desconfinamiento.



El alma se impregna con lo que uno Es, dice mi profesor de Misticismo Hebreo.

Ya estábamos confinados antes de que este virus, que tampoco es nuevo, nos abriera los ojos, ya estábamos confinados en la superficialidad de la materia, del todo está bien mientras duermo, ya nos estábamos creyendo que la finitud era solo para los otros, los que veo en la tele, los que no saludo en el ascensor, los que se me cuelan en la cola del super, los que me roban el puesto de trabajo porque son negros, los que no cruzan el semáforo en verde. Esos otros, que me creo ilusoriamente que no son también yo.


Ya estábamos confinados.

Ahora, merezcamos la libertad. Ahora. Si no es ahora. ¿Cuándo?


Esto también pasará, quedará la impronta en nuestros recuerdos, ojala hayamos aprendido a ser menos egoístas los unos hacia los otros y nuestra tendencia natural hacia la bondad se quedé para siempre en nuestros corazones, ojala no dejemos de creer en las utopías, tant de bó nos empecemos a creer que formamos parte de un cosmos en que podemos actualizar eso del sentido, del suprasentido y todo lo demás, lo invisible, lo que no se toca porque solo con pensarlo lo hacemos real, lo que existe ahora.

Lo que no se habla porque ya está dicho.


Ojalá aprendamos nuevas formas para que los recursos de que disponemos no ensucien el aire ni los alimentos, y, milagro, no solo perdamos el miedo a tocarnos con las manos, si no que lo perdamos a tocarnos el corazón. Y que, milagro, seamos conscientes del proceso.


Ojalá, podamos traer ese Inconsciente espiritual del que habla Viktor Frankl, ese que a veces me ha parecido intuir, a cada acto cotidiano, haciéndolo real en este mundo de la materia, para volver a hacernos nuevas preguntas, tal vez más sencillas y alegres, más serenas, más cercanas a todos los prójimos y a todos los lejanos. Sin excluir nada ni nadie de este sueño del que estamos despertando.


Ojalá seamos y vivamos libres.


Y Ojalá Tu lo Veas.


Otorguémosle valor al mundo, al fin y al cabo, somos ese Pequeño punto azul…


Agradecimientos:

A mis compañeras y amigas del CAP Sant Pere de Ribes. Siguen cada día dando lo mejor de lo mejor. A mi hija Ona. Al gato de Cheshire. A Toda mi Familia.

A Vosotros.i

i Por aquí han andado Viktor Frankl, con Pinchas Lapide, en Búsqueda de Dios y Sentido de la Vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo. También se ha dejado ver en El hombre en busca del sentido último. El análisis existencial y la conciencia espiritual del ser humano.

“Un par de frases” de Hilel.

Carl Sagan.

Mis apuntes de la lección 1 de El misterio de la creación y el Árbol de la vida, de Mario Sabán.