• Angelina' Blog

Al prójimo, como a ti mismo.

Una tarde de verano lluviosa, cuando las flores del jazmín se abrían por segunda vez en nuestro balcón de primavera, me quedé dormida mirando una imagen en un libro de fotografía, soñé una pregunta y desperté antes de escuchar la respuesta, me liberé de la inquietud que me produjo aquel sueño escribiendo esta pequeña e intrascendental historia. Ordenando los archivos y la memoria, encuentro algunos relatos que publicaba de vez en cuando en un viejo Blog, Cisnes Salvajes, si no recuerdo mal lo bautice, en honor al bello poema del poeta Yeats, Los cisnes salvajes de Coole, en aquellos entonces viajaba a menudo a La isla del lago de Innisfree . W.B. Yeats es uno de poetas que hay que leer sobre todo en verano, y que mantienen una buena brisa en cualquier biblioteca doméstica, y en cualquier mente atribulada-. Este breve relato, es fruto de un sueño en Junio del 2008, cuando aún vivía en la ciudad, cuando aún estaba enfadada, cuando aún no había hecho las paces con Dios.

Y porque hay que saber ver la Luz aún a pesar de la Sombra, y darle Gracias por todo lo que nos enseñó.



Imagen: Sebastiao Salgado, Genesis. Ed. Taschen


tabú nombre masculino 1. Prohibición de comer o tocar algún objeto, impuesta por algunas religiones polinésicas. 2. Prohibición de hacer o decir algo determinado, impuesta por ciertos respetos o prejuicios de carácter social o psicológico.

Amparados por el vuelo de los Ángeles cuando aún eran visibles, Varón, el primer hombre inocente sin ombligo, y Varona, la primera mujer sin ombligo, paseaban envueltos en Luz, contemplando extasiados como Edén crecía en belleza y pureza, expandiéndose a cada instante en un nuevo latido de gozo y beatitud.


Aquel día parecía especial, como si algo fuera a a ocurrir, algo nuevo, algo salvaje, y aunque todos los días eran un único Día en el Paraíso, aquel parecía hecho para ellos dos: No podían evitar sentirse extrañamente divertidos, curiosamente excitados y un poco más viscerales.


Se miraban, alegres en su complicidad, se escondían entre los helechos, como si estos, en su intenso y exuberante verdor, conocieran su secreto.


Saltaban y corrían, bailaban, creyendo que inventaban la Música.


Del cómo llegaron a aquel lugar, en aquel momento, aún nadie sabe explicar con verdadera certeza, algunos dicen que fue culpa del serpiente.





En el Corazón del Jardín, en el Centro del Mundo: el Árbol.

Extendía sus ramas hacia lo alto buscando la voz del viento, penetraban sus raíces la tierra para hablar a través del agua de los ríos, todo lo unía, todas las Hojas, todas las Vidas.


Pájaros azules, y verdes, y amarillos, rosas, magenta, perla, y de todos los colores, le cantaban maravillas a sus nuevos brotes, y mariposas blancas entonaban mieles a las bellas flores que crecían al remanso de la sombra de su noble porte.





- ¿Qué árbol tan hermoso es aquel que se distingue hoy de todos los demás por la fuerza viva del color de sus frutos?


Y E´l, en su inconmensurable piedad y amor hacia sus Hijos, escuchó la pregunta.

Y la pregunta fue saciada, pues los hijos crecen, y al crecer preguntan.

- Este que ahora ves, como si fuera por primera vez, Amado, es el Árbol del Bien y del Mal, no comas de él, pues el día que comas, morirás sin remedio. - ¿Para que está en Edén entonces? – Preguntó Varón a su Creador. - Para que aprendáis a tomar vuestras propias decisiones. - ¿Podemos entonces tomar decisiones incorrectas? - Podéis decidir.


Aquel día fue especial. Y lo ha continuado siendo hasta cuando en el Fin de los Tiempos ya no se requiera del Tiempo.


Varón se alejo en silencio, y perdido por primera vez en sus propios pensamientos, transitó a través de los márgenes de Edén.


Sintió frio y hambre, por primera vez, y a su memoria imberbe regresó Varona, la primera mujer sin ombligo. La buscó y la encontró mirando como el amanecer segaba las últimas estrellas de la noche. Y Varón, el primer hombre salvaje, sin ombligo, sin pasado, yació junto a ella sin saber que decir o hacer.


Se tendió en el musgo, y lloró.

Lloró como solo saben llorar los niños y los viejos.